Sí, el enunciado de este artículo es así de osado, de
atrevido y, como muchos pueden pensar, puede incluso parecer ofensivo o
burlesco.
Ante todo me considero una persona coherente, con los pies
en el suelo, y vaya siempre por delante que no tengo intención alguna en dejar
en mal lugar a nuestro tete.
Para ponernos en situación:
Domingo 14 de febrero (día de San Valentín). Las parejas salen a celebrar de alguna manera tan
señalada y comercial fecha (yo no iba a ser menos).En mi caso, siempre teniendo
en mente la hora del partido de mí tete,
pendiente del reloj para verlo o escucharlo de alguna manera. No obstante,
admito que con el paso de las jornadas la ilusión por verlo ha ido disminuyendo
constantemente. Y no es que me considere un mal aficionado, para nada.
Sencillamente, no quiero acostumbrarme a que mi equipo me amargue los fines de
semana. Quizás, con el paso de los años me he vuelto susceptible, o sufro más
del corazón. Yo soy de esos que cuando gana el tete (contadas son las ocasiones en las que esto ocurre) me voy a
la cama recordando el gol o los goles anotados en ese partido, con una sonrisa
en la cara y, ¡qué carajo!, los lunes son diferentes. Pues… una vez dicho esto,
no es difícil imaginar cómo amanezco cuando el Tenerife pierde.
Por eso admito que me estoy “mal acostumbrando” a no ver los
partidos fuera de casa ya que normalmente consisten en un bombardeo constante
hacia nuestra área por parte del rival y esperando la inminente decepción de un
nuevo resultado adverso. A todo esto podemos sumar la impotencia de ver la
inocencia de nuestras contadas llegadas al marco contrario con lo que la
esperanza de remontar un partido se convierte en una utopía.
Ahora bien, termina el partido del Tenerife, con una nueva
derrota (por mi parte, esperada) y me dispongo a recordar lo bonito que es el
fútbol. Me siento en el sofá y disfruto de todo un FC BARCELONA- REAL CELTA DE
VIGO. Sí, sé muy bien que es otra “Liga”, que es totalmente imposible
compararnos a estos equipos (sobre todo al primero), pero necesito volver a
creer en el fútbol y por ello me dispongo a verlo. El Celta, un equipo que
hasta hace nada estaba en nuestra categoría, con una masa social y una ciudad (Vigo)
bastante similar a lo que rodea al Tenerife, fue capaz de plantar cara a todo
un Barcelona en la primera parte. Jugadores comprometidos, canteranos que se
matan a correr como el que más y jugando “bonito”.
Eso sí, en la segunda parte la maquinaria blaugrana empezó a
desplegar sobre el césped todo ese fútbol que atesoran sus estrellas, un
deleite para los ojos de todos los aficionados a este deporte y, que en
sufridores como yo, puede servir incluso como terapia. Soy aficionado del
Tenerife, es el único equipo que me alegra y entristece por igual, pero admito
que me gusta el fútbol, el buen fútbol, algo de lo que en su día presumimos y
nos llevó a ser reconocidos allá por donde fuésemos. Esto que hace el Tenerife
ahora mismo es justo lo contrario, un equipo miedoso que sale a verlas venir (con
alguna excepción como la primera parte ante el Huesca) y que rara vez se
muestra superior al rival. Seguiré sufriendo con mi Tenerife ( aunque a este no lo reconozco) y dando las gracias a
jugadores como Messi, Neymar y cia por recordarme que el fútbol es bonito,
divertido, y un auténtico espectáculo para todas aquellas personas que queremos disfrutar con este deporte.
Artículo hecho por Adal
Quintero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario