martes, 8 de marzo de 2016

EL MAC-HAROISMO

Sucedió ayer, poco antes del partido contra el Granada, cuando entre el ruidoso ambiente de la Palmera, la calle Tajo y el poblamiento de las gradas del Villamarín, cuando, en silencio, nos enteramos que a un bético de entre los miles y miles que acuden para ver a sus colores, sorpresivamente, se le prohibió la entrada a un recinto al que está abonado de toda la vida.

Ante tamaño barrunto y pasado el estupor, la noticia circuló como el reguero de la pólvora, creciendo y adquiriendo unos tintes de preeminencia auténticamente espectacular; circulando en redes sociales y demás medios informativos como invisible rayo a-de-se-e-le. De esta forma, nuestro país, el del binomio futbolístico, el de la confusa política polipartita, tenía un nuevo pequeño recuadro que trepaba para los oídos y ojos de los españoles y los de más allá. 
Hace más de 60 años, muy al oeste de nuestro territorio, en ese siempre tan de moda país de las barras y las estrellas, llamado a sí mismo soflama de la libertad, que por haber sido como tal sólo figuró en su carta fundacional; un determinado senador de aquel país, amante de controlar cualquier atisbo que simulara criticar el sistema sociopolítico establecido, se dedicó a establecer una persecución incesante a todo aquel supuesto individuo subversivo, conspirativo o sedicioso; de tal manera que en ese contexto, el referido McCathy, pisó una y otra vez el principio jurídico de presunción de inocencia. De esta forma se vulneraron los derechos de miles de personas. Pero la protesta no tardó mucho en surgir: artistas e intelectuales como Humphrey Bogart, Dalton Trumbo, Henry Miller, o aquel periodista Edward Murrow, ejemplos de la injusta persecución y de la lucha contra el abuso del poder.
Pero McCarthy no falleció en vano. Para la Historia quedó su doctrina, así como la comparación de la misma para todo aquel individuo coincidente en su práctica, como tal ha sido y es el caso del Presidente del Real Betis Balompié, Ángel Haro, quien prohibió junto a su Consejo, la entrada al bético que nos referimos en el principio de este artículo: Camilo Puerto. ¿Se puede vedar la afluencia a un estadio futbolístico a un aficionado por el mero hecho de, ejerciendo el derecho universal de la libertad de expresión, criticar si existieron comisiones en determinados traspasos o fichajes? ¿Dónde está, señor " Mac Haro ", el supuesto " daño " al Real Betis Balompié? ¿Podemos matar a un ruiseñor? 
“Mac Haro " ha destinado su particular enmienda, patente de corso "revertiana", caza de brujas que Salem sin salir, ajedrez proveniente de una Fundación Heliópolis; señor " Mac Haro ", diga lo que usted diga, porque su irrupción en la esfera verdiblanca nace de un vínculo conocidísimo por todos como fue una relación laboral con un miembro de la " Amigópolis ".

Afortunadamente, por el bien de nuestra Constitución, de las libertades, de los aficionados al fútbol en general y de los béticos en particular, para este " cazador de brujas " y su cohorte de secuaces, este precedente aventurero maquiavelo y caciquil, tendrá menos recorrido que una carrera de Van der Vaart. Yo también soy Camilo Puerto. 

Artículo hecho por (Rafael Medina Delgado)

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